Ser resiliente es una palabra que además de conformar un sustantivo, es una palabra poderosa que invita a la acción.

En esta crisis profunda mundial, sin precedentes históricos recientes, por lo menos en los últimos setenta años, se ha impactado a la humanidad entera, sin exclusiones. La resiliencia organizacional se manifiesta como una oportunidad, pero es una factibilidad para aquellos que emprenden acciones desde la innovación, con el espíritu de la superación y el resurgir inteligente para la supervivencia y la prosperidad.

Las economías de los países, la producción de bienes y servicios, el comercio internacional, han desencadenado situaciones tales que el mundo ya no será el mismo después de este flagelo que ha azotado sin discriminación alguna; hay que decir: este azote sí que ha sido incluyente.

La etimología de la palabra en inglés, que es el origen del hoy muy conocido vocablo, proviene a su vez del verbo latino “resilire”, que en su significado original está asociado con el verbo “rebotar”, que contiene el prefijo “re- “ usado para indicar “repetir/intensidad/reiteración”  y el verbo “salire”  que tiene que ver con el significado “salir/brincar/bailar”  y el sufijo “ia” que indica cualidad.

Todo junto indica la cualidad de saltar de una condición que afecta, y hoy día en su acepción moderna no significa volver al estado anterior en el que se encontraba, como se utilizó en las ciencias físicas para hablar de los cuerpos que tienden a volver a su estado original después de un estímulo o cambio temporal. Ahora la acepción va más allá y el salto debe ser dado para sobrepasar la situación presentada y prosperar.

Se habla de una “nueva realidad”, en verdad el universo, los países, las organizaciones y las personas están en permanente cambio; se dice con acierto que “la única constante es el cambio”, así que siempre la realidad de hoy no es la misma que la realidad de ayer. Y ante una situación con variables complejas, de las proporciones y afectaciones que ha generado la pandemia, los cambios son significativamente mayores.

 

De lo personal a lo corporativo

Resiliencia tiene que ver con la evolución personal que se traslada luego al entorno empresarial, y se expresa en el sentido de aprender y aplicar para construir. Hay mucho que aprender y desaprender para volver a aprender, en un continuo círculo virtuoso, como en una cinta de Moebius:

Círculo virtuoso de conocimiento aplicado: aprender-desaprender

 

La resiliencia se construye primero en lo personal, se fortalece en lo comunitario, en lo organizacional y territorial o regional, por lo que hay que entender la realidad, que no es una sola, sino que son múltiples realidades vistas desde ópticas y perspectivas diferentes, las cuales deben ser entendidas y tenidas en cuenta para una mayor comprensión.

La situación nos ha inducido de manera vertiginosa a implementar acciones en los productos y servicios, incluso en el diseño y en sus cadenas de producción y distribución o entrega, en las formas de promocionar y hacer negocios, de comercializar y de vender. Desde luego, todo esto forma parte de cómo debemos gestionar los riesgos y las crisis cuando estos se materializan.

 

El cambio en positivo

La palabra resiliencia vista desde la capacidad, le da una connotación más positiva, si se entiende como la búsqueda de fortalecer y mejorar las capacidades para aprovechar las nuevas situaciones generadas por los cambios internos y, en especial, los inducidos por el entorno.

Todavía no sabemos cuándo va a parar todo esto o qué va a pasar, es decir, que los modelos más sofisticados de simulación se quedan cortos para pronosticar con un buen nivel de precisión, ni siquiera cercano, lo que va a acontecer; dicho en términos de riesgos: el nivel de incertidumbre es mayor.

La resiliencia genera una oportunidad de cambio, no solo de adaptación, sino de evolución para la prosperidad.

Hay que intervenir en las condiciones de vulnerabilidad que en conjunto hemos generado como producto de nuestras acciones u omisiones.

La humanidad se va a salvar, se salva porque una condición propia del ser humano es precisamente la resiliencia, y además porque, de no hacerlo, con las afectaciones que generamos en la práctica depredadora, sería la vía a la extinción de nuestra especie.

Existe realmente una oportunidad frente a las nuevas circunstancias para fortalecer las capacidades políticas, económicas, sociales, medioambientales, pero principalmente de cultura y comportamiento humano.

Negar el riesgo o ignorarlo lleva a la inacción y al comportamiento inercial, es decir, mantener las vulnerabilidades y continuar expuesto a la materialización de las amenazas tanto las conocidas como las concurrentes y emergentes.

Parte de comprender la realidad y reaccionar pasa por repensar nuestra vida y, en el caso empresarial, repensar los negocios. Hay que trabajar en la creación de ideas y acciones que generen valor para que nuestros negocios sean sostenibles. Un negocio resiliente lleva en su ADN el emprendimiento, la sostenibilidad y la competitividad. Para ello, analiza su contexto, evalúa sus riesgos y oportunidades, e invierte en su reducción y/o explotación según corresponda, para resistir, adaptarse, prepararse, recuperarse y escalar a estadios superiores de crecimiento y posicionamiento en el mercado.

 

Ser resilientes: un reto

Las áreas de resiliencia organizacional y continuidad de negocio en las compañías tienen y tendrán nuevos retos que la actualidad les demanda, y las personas que trabajan en ellas deberá desarrollar nuevas capacidades, habilidades, conocimiento y experticia para enfrentarlos.

Así que estas áreas y sus líderes deben cambiar rápida y creativamente para mantenerse competitivas, frente a los retos que les impone las necesidades de las organizaciones, en un entorno permanentemente cambiante.

 

Simbiosis de la organización y sus colaboradores

Un factor esencial de la resiliencia organizacional es el relativo precisamente a las relaciones organización–colaborador, y es que la cohesión en momentos de crisis es crucial para generar el dinamismo emprendedor y la energía necesaria que permita a la compañía adaptarse y avanzar hacia el crecimiento y al éxito. Esto implica:

  • Cultura de la resiliencia
  • Alineación estratégica dentro de la empresa, incluidos sus proveedores
  • Liderazgo efectivo reconocido y valorado por todos
  • Innovación
  • Simbiosis en las operaciones diarias
  • Mancomunidad y colaboración entre áreas; no hay cabida para “silos”
  • “Customer experience” tanto en el servicio al cliente interno como externo
  • Apropiación de las nuevas tecnologías como factor de desarrollo, no como una moda
  • Motivación y productividad de los empleados
  • Retención del talento humano
  • Compromiso de los empleados

 

Comunicación simétrica bidireccional organización-cliente

Para ser resilientes, las comunicaciones compañía– cliente/usuario deben estar dentro de lo que se conoce como comunicaciones simétricas bidireccionales, que facilitan la comprensión y el beneficio mutuos, para adaptar de forma positiva la organización a su entorno y a sus necesidades.

Comunicación simétrica bidireccional organización-cliente

 

Estos ambientes colaborador-organización-cliente-organización-colaborador dentro de entornos cambiantes deben estar dinamizados y en construcción permanentemente, para enfrentar los retos que imponen nuevas situaciones que deben ser entendidas como nuevas oportunidades, dentro de marcos de desarrollo sostenible, en el que se permean las fronteras, para beneficio mutuo.

La cultura de anticipación y colaboración facilita la adopción del futuro; desde luego, sumados a los riesgos conocidos, siempre existirán los riesgos emergentes e inesperados; la mayor virtud de lo resiliente es la capacidad de reacción antes, durante y poscrisis. No hacer nada no es una alternativa viable, siempre habrá ocasión para mejorar y subsistir o transformarse.

Resiliencia no es un sustantivo, ni un adjetivo, resiliencia es un verbo, que, como tal, implica una ACCIÓN.

 

[email protected]