Con este tema  doy inicio a una sección que, por definición, intenta ser crítica (de ahí su nombre), polémica y de sana discusión. Mi objetivo es elegir, por un lado, temas que causan preocupación  y,  por otro, tratar algunos en los que existe un aparente acuerdo o inercia dentro del mercado de la seguridad y cuestionar fuertemente las premisas que lo sustentan. Este es el caso del tema que nos ocupa: las certificaciones y su utilidad práctica.

Al dar estos puntos de vista polémicos o innovadores, me expongo a herir susceptibilidades o molestar a algunos (incluyendo, claro, a los proveedores), pero esa no es mi intención. El cuestionamiento nos debe llevar a decisiones mejor pensadas, aunque podamos tener opiniones distintas. Recuerde que en puntos de vista no existe la obligación, ni racional ni ética, de ponernos de acuerdo. “Nada es verdad ni es mentira. Todo depende del color del
cristal con que se mira”.

Para abordar el tema plantearé algunas preguntas relevantes e intentaré transmitir mis puntos de vista. Debo aclarar que hablaré de las certificaciones que un especialista en seguridad puede lograr, no de aquellas que una empresa puede obtener. Así, cuando hable de la certificación ISO-27000, me referiré a la certificación de las personas para auditar con base en esta norma, no al hecho de certificar un proceso o un área de una organización.

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¿Qué tipos de certificaciones existen?

Una certificación es una declaración formal de una institución autorizada (pública o privada, nacional o internacional) que respalda que el candidato ha aprobado satisfactoriamente un examen o una serie de trámites establecidos por dicha institución.

Existen certificaciones que evalúan los conocimientos generales de seguridad del candidato, como pueden ser CISSP (Certified Information Systems Security Professional) que otorga el ISC2, CISM (Certified Information Systems Manager) de la ISACA o Security+ de CompTIA (Computing Technology Industry Association).

Otras certificaciones se enfocan –preferentemente- sobre temas más específicos y requieren un mayor nivel técnico. En este grupo entran las certificaciones GIAC (Global Information Assurance Certification) del SANs Institute, que abarcan más de 20 certificaciones especializadas, todas bajo el nombre genérico “GIAC”. Por ejemplo la GWAPT (GIAC Web Application Penetration Tester) para pruebas de penetración de aplicaciones Web. La certificación CEH de hacking ético del EC-Council es otro ejemplo de este grupo.

Adicionalmente distintos fabricantes de productos de seguridad han ido creando sus propias certificaciones, tal es el caso de CheckPoint, Cisco, Fortinet o HP-Tipping Point, por mencionar solo algunos. Puedo decir que el número de cursos y certificaciones, así como la profundidad y cobertura que cada fabricante tiene son muy distintas.

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¿Qué está pasando con las certificaciones de seguridad?

Cada día se generaliza más hablar de certificaciones. En general la gente se ha ido “subiendo al barco” de las certificaciones; es común que en muchos concursos privados y de gobierno, tanto en México como en Latinoamérica, el cliente solicite distintos tipos de certificaciones… podemos decir que están de moda.

Es frecuente que –incluso- las certificaciones se presuman tanto o más que el grado académico. Por ejemplo, en los Estados Unidos algunas personas con doctorado escriben en sus tarjetas de presentación:  “James Anderson, PhD, CISSP”.  En casi todo el mundo poseer una certificación de seguridad genera un diferenciador que se traduce, regularmente, en mejores sueldos.

Es interesante que algunas organizaciones que coordinaban una o dos certificaciones, han visto una oportunidad de mercado y han expandido su oferta, pero para lograr una base de certificados en forma rápida han implementado lo que yo traduciría como “abuelazgo” (la palabra en inglés es “grandfathering”). Eso quiere decir que cuando arranca la certificación, el certificador permite que, cumpliendo ciertos requisitos que incluyen experiencia comprobada en determinadas áreas y sin presentar ningún examen, el candidato reciba su certificación. Me declaro en contra de este estilo de “fast-track”, pues me parece que no ayuda a la homogeneidad en el nivel de los certificados.  Como dice un amigo “no por hacernos viejos nos hacemos sabios”.

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¿Qué garantiza una certificación?

A riesgo de parecer un abuelito contando cuentos a sus nietos, les voy a compartir una historia personal. En 1999 decidí certificarme como CISSP, así es que me puse a estudiar muy duro para el examen y lo presenté junto con otra persona de Scitum (lo llamaremos Hugo, aunque su nombre real es otro). Afortunadamente lo aprobamos y nos convertimos en los primeros certificados CISSP de la empresa (ya para entonces teníamos varios colegas en Scitum certificados como CISA).  Pocos meses después a Hugo y a mí nos tocó trabajar en un proyecto en el que, entre otras actividades, había que realizar un análisis de riesgos, proponer diversos controles de seguridad y  escribir varias políticas. Para mi sorpresa y pese a su certificación CISSP, Hugo no era capaz de generar un documento congruente que reflejara nuestros hallazgos durante el análisis de riesgos y, mucho menos, escribir políticas de seguridad. Cuando revisaba con él los diversos conceptos de seguridad, sus contestaciones eran claras y correctas, pero –por alguna razón- esos conocimientos no los podía convertir en documentos útiles para el cliente.

Recordé que en otras empresas en las que había estado me habían sucedido situaciones similares con personas que tenían certificaciones en otras áreas de TI: una cosa era que tuvieran los conocimientos sobre la tecnología y otra era que esos mismos conocimientos los pudieran aplicar a una situación de la vida real;  se tratara de diseñar una arquitectura tecnológica, de resolver un problema sobre lentitud en una red o de escribir –como en el caso de Hugo- unas políticas de seguridad.  Desde entonces me he preguntado ¿Qué garantiza una certificación?

Lo que voy a decir tiene dos partes: la mala, aparentemente, y la buena. La parte mala es que yo creo que una certificación no garantiza casi nada y veremos algunos ejemplos más adelante. La parte buena es que una certificación aumenta las probabilidades, por ejemplo, de que la persona que la ostenta, posea ciertos conocimientos y habilidades en seguridad de la información.

El problema es esperar una certeza total sobre esos conocimientos y habilidades. Por ejemplo, si una persona es CISSP, podemos suponer (con un alto porcentaje de probabilidad, más no como una garantía) que tiene un buen nivel de conocimientos generales sobre la seguridad y algunos años de experiencia, pues de otro modo sería casi imposible obtener la certificación CISSP. Por otro lado, ¿podríamos estar seguros que dicho sujeto está calificado para ocupar un puesto de oficial de seguridad (CISO, por sus siglas en inglés)? La respuesta es NO. El que tenga una certificación CISSP no significa que, automáticamente, esté calificado para ese cargo, no sólo porque el perfil del puesto puede demandar otro tipo de habilidades y conocimientos, sino porque para obtener el CISSP no tuvo que demostrar habilidades en los proyectos y en las actividades específicas que requiere ese perfil, sólo presentó un examen de conocimientos y envío pruebas de su experiencia.

En mi opinión, una de las mayores debilidades de muchas certificaciones es que están más enfocadas en probar los conocimientos de los candidatos, que en calificar sus habilidades para enfrentar y resolver los retos y problemas diarios del trabajo. Incluso algunas otras como CISA (Certified Information Systems Auditor) de la ISACA, aunque se preocupa de evaluar que el candidato posea una visión y criterios de auditor de sistemas (y, en mi experiencia, lo hace de una forma eficiente) no evalúa, por ejemplo, si esa persona podrá realizar exitosamente un análisis de riesgos informáticos, o presentar satisfactoriamente los resultados de una auditoría de seguridad. En este grupo podría entrar la certificación de auditor del ISO-27001  que, para mí, es demasiado “light” pues me ha tocado ver personas que no son del área de sistemas y que no tienen ningún conocimiento previo de seguridad en la información y que, con tan solo un curso de cinco días, obtienen su certificación como “Lead Auditor” de la Norma 27001. Por lo anterior yo diría que no siempre es factible aseverar que alguien con esta certificación tiene siquiera conocimientos generales de seguridad.

Aunque lo anterior podría parecer muy obvio para algunos de ustedes, lo cierto es que en muchas ocasiones las empresas contratan un tanto a ciegas a los candidatos, basándose primordialmente en sus certificados (similar a como hasta hace poco se ponderaba demasiado el grado académico al momento de la contratación).

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¿Deben las empresas invertir en personal certificado?

El contestar esta pregunta me parece muy importante pues, hasta aquí, algunos podrían tener la idea de que no le veo valor al certificarse, o peor aún, que tampoco le confiero mérito a estudiar un posgrado.

Debo decir que sí estoy de acuerdo en que el personal se certifique; son dos cosas las que no me parecen adecuadas: (1) que pensemos que por tener una determinada certificación la persona posee, en forma automática, habilidades o experiencias para el trabajo que va a desempeñar,  y (2) que veamos las certificaciones como un objetivo.

En relación al segundo punto, me he encontrado gente que me dice por ejemplo: “estoy estudiando del libro de Shon Harris para pasar el CISSP”, ¿qué es lo que no veo correcto? Desde mi perspectiva preferiría que las personas dijeran algo como “estoy revisando y estudiando distintos materiales para reforzar mis conocimientos sobre los distintos modelos de control de acceso”.  En otras palabras, creo que deberíamos estar más preocupados por mejorar nuestros conocimientos de seguridad, incluyendo los conocimientos técnicos muy específicos de temas como cómputo forense o hacking ético, o los detalles de una determinada tecnología, que en pasar un examen de certificación. Si nos ocupamos en saber más, el aprobar una certificación debería ser un efecto colateral. Es bueno, pero no es el objetivo final; de hecho, el objetivo final nunca se logra.

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¿Qué deberíamos tomar en cuenta?

A manera de conclusiones quiero compartirles las siguientes recomendaciones:

  1. Es conveniente sincronizar las certificaciones con el perfil del puesto del candidato, las necesidades de la organización  y las necesidades e intereses de la persona.
  2. No debería perseguirse una certificación solo porque está de moda.
  3. Generalmente es más barato formar a nuestro personal (apoyarlo a certificarse) que contratar personal certificado; el único inconveniente puede ser el tiempo.
  4. Preocúpense por establecer una estrategia de aprendizaje continuo en la gente, en donde no solo se busque tener mejores conocimientos técnicos de seguridad, sino también desarrollar las habilidades y competencias que cada puesto demanda. Dentro de esta estrategia verán que las certificaciones son importantes, pero son apenas un elemento del todo y nunca el objetivo final.

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