“Si al hidrógeno se le da bastante tiempo, se convierte en personas”[i]

Esa cita rotunda, que alude a la historia de la Tierra desde su creación hace unos 4,540 millones de años, hasta el Antropoceno (la era “humana”, desde hace unos  11,700 años), pretende defender que si a la inteligencia artificial (IA)[ii] se le conceden plazos, quizá no tan generosos, también evolucionará hacia una nueva era “digital”, en la que al hombre le esperará un sino tan incierto como discutido por los expertos.

Un sino incierto, muy discutido por los expertos: desde la posible extinción de la humanidad hasta su supremacía, pasando por una amplia gama de posibles estadios y etapas de equilibrio Hombre-IA. El finado Prof. Stephen Hawking predecía una AI “que superará a los humanos”[iii]. El prestigioso cosmólogo Max Tegmark, profesor del MIT, en su libro Life 3.0 plantea y analiza una docena de escenarios posibles para los próximos 10 mil años.

Entre esos posibles estadios/etapas futuros de equilibrio Hombre-IA, a mí siempre me ha resultado atractiva la teoría de la hibridación, defendida ya en 2002 por Rodney R. Brooks[iv] en su libro “Carne y Máquinas”, según la cual humanos y robots venimos coevolucionando y lo seguiremos haciendo en el futuro, convergiendo hacia una clase de cíborgs[v] (híbridos humanos con creciente contenido de dispositivos robóticos), lo que permitirá a tales cíborgs mantenerse por encima de los puros robots.[vi]

Una idea similar la han defendido, en 2012, el filósofo francés Jean-Michel Besnier —posthumanos surgidos del crecimiento de las biotecnologías[vii]— y anteriormente la Prof. Donna Haraway[viii]. Ya mucho antes, en 1872, Samuel Butler publicó la novela Erewhon en la que exploraba la posibilidad de que las máquinas desarrollaran consciencia por selección darwiniana. Y cabe observar que el Gran Hermano de 1984 de Orwell no es descrito como una persona humana: podía ser un robot o cíborg.

 Centrándonos en el presente y próximo futuro, no cabe duda de que estamos implicados en una muy importante revolución tecnológica —se ha dicho que es la cuarta, pero hay diferentes opiniones sobre qué es una revolución tecnológica y cuántas han sido estas—.

Eso sí, parece que la actual, la revolución digital, está siendo la más acelerada y la más extensa (afectando directamente a una población que ha crecido[ix], pero también más diversa, p. ej. en nivel de renta o en distribución geográfica; una revolución con mayor “penetración” social).

Es tan evidente cómo lo “digital” ha transformado y sigue transformando nuestra economía, nuestra sociedad y nuestras vidas personales que la lista de áreas afectadas sería interminable. Y no cabe duda de los inmensos beneficios y comodidades que lo digital nos aporta, sobre todo cuando los disfrutamos “gratis” o a muy bajo precio. Son tan evidentes esos beneficios que aquí doy por terminada la parte “a favor” del título del artículo, para dar paso a la parte “en contra”.

Está claro que —gratis o barato— lo es si solo consideramos el desembolso monetario[x]. La contrapartida de esa aparente gratuidad es la entrega que hacemos, de forma distraída o voluntaria y gustosa[xi], de “otros valores”: datos minuciosos sobre nuestra actividad y preferencias (like) y la subsiguiente presión comercial, ideológica y política que recibimos.

Cada vez son más los casos de usuarios de Internet y redes sociales que se sienten desvalijados de su intimidad o de su propiedad intelectual y manipulados por publicidad e información excesivas o sesgadas, cuando no más gravemente perjudicados (p. ej., por fake news, o por robos de tarjetas de crédito o de identidad).

Y cada vez hay más autores que exponen su preocupación y recomendaciones éticas y políticas sobre este tema. Me referiré brevemente a tres: Jaron Lanier, Cal Newport y Éric Sadin, aparte de Byung-Chul Han.

Jaron Lanier

Informático, pionero en el campo de la realidad virtual; escritor; y compositor estadounidense.

En su libro ¿Quién posee el futuro?, Lanier hace un acertado análisis de cómo con la tecnología digital se produce la paradoja de que “La disrupción y descentralización del poder coincide con una concentración del poder intensa y aparentemente ilimitada”.

“No se puede usar la tablet sin ceder a otro la superioridad de la información” … “La única forma de vender una pérdida de libertad, de forma que la gente la acepte voluntariamente es haciendo que al principio parezca una ganga” … “Si en la actualidad pedimos servicios gratuitos, debemos aprender que realmente, en el futuro, pagaremos un precio por ello”.

Por ello defiende —opino que como un soñador utópico— que “cualquier cosa que uno haga [que active en algún lugar un algoritmo o una base de datos] acredite a esa persona un ‘nano-pago’, proporcional tanto al grado de contribución hecha cuanto al valor resultante”.

Cal Newport

Cal Newport, profesor de informática en la Universidad de Georgetown[xii]:  “La clave para vivir bien en un mundo high tech es pasar mucho menos tiempo usando la tecnología”.

El Prof. Newport es autor del libro recién publicado Minimalismo digital. Newport descubre que “muchas de las propiedades adictivas [de las redes] son muy intencionales (el uso compulsivo es la base de muchos planes de negocio de medios sociales)”.

Dos de las principales fuerzas que provocan esa adicción son: i) la realimentación positiva intermitente; y ii) el anhelo de aprobación social. “El uso compulsivo, en este contexto, no resulta de una falla de nuestro carácter, sino de la realización con éxito de un plan de negocio masivamente rentable”.

El remedio que funciona es una estrategia de minimalismo digital: “Una filosofía del uso de la tecnología en la que tú enfocas tu tiempo online a un reducido número de actividades cuidadosamente seleccionadas y optimizadas, que soportan firmemente cosas que tú valoras; y entonces descartas felizmente cualquier otra cosa”.

El minimalismo digital se basa en tres principios:

  1. El desorden es costoso
  2. La optimización es importante y
  3. La intencionalidad es satisfactoria

El minimalismo es “un medio para aprovechar las ventajas de las maravillas que estas innovaciones efectivamente aportan …  sin permitir[les] que subviertan nuestro anhelo humano de construir una vida satisfactoria y con sentido”. No supone pues una “desconexión” sino solo una “dosificación”.

Para conseguirlo, el libro propone cuatro grandes prácticas:

  • Pasar tiempo solo
  • No dar clic en “like
  • Recuperar el ocio y
  • Unirse al movimiento de resistencia de la atención[xiii]

“La clave para un éxito continuado con esta filosofía es aceptar que no se trata realmente de tecnología sino de la calidad de tu vida”.

Éric Sadin

Escritor, poeta y filósofo francés, “que lleva [más de] una década analizando con una postura crítica los efectos de los avances tecnológicos en la sociedad” ha publicado Minimalismo digital y política anti-siliconolización.

El libro La Siliconolización es el de mayor extensión y profundidad conceptual de los aquí comentados[xiv].

En la introducción y capítulos I y II, Sadin presenta la historia del nacimiento y evolución en cinco etapas de Silicon Valley como fenómeno cultural y socioeconómico, localizado inicialmente en San Francisco y luego exportado a todo el mundo.

En el periodo entre guerras mundiales y terminada la segunda, la civilización sufre un malestar generalizado, cuando, en contraste, la costa oeste de los EE.UU. comienza a brillar con luz deslumbradora.

Un siglo después de la fiebre del oro (Etapa 1ª), comenzó la “emergencia de un imaginario contracultural” con “los ritmos pop y psicodélicos”. “Si vas a San Francisco, asegúrate de ponerte unas flores en el pelo”; y el “surgir de la informática personal”. La Universidad de Berkeley prioriza la formación profesional al servicio del complejo militar-industrial establecido en la región.

La Etapa 2ª es el periodo de “los garajes” (Bill Gates, Jobs y Wozniak, …)[xv], que fueron los precursores de la “filosofía Silicon Valley (SV)”: sistemas ágiles, descentralizados, “bricolaje”, no estructuras piramidales, infraestructuras de comunicaciones, “espíritu hacker” (entonces aplaudido). Pero con un surgir de la megalomanía.

La Etapa 3ª —la de la “economía en red”— supone un cambio de paradigma (Mosaic, Netscape Navigator, Yahoo!, Amazon, Google, …), con la ambición de poner todo en las redes, y también con la burbuja y crisis de las “dotcom” .

Etapa 4ª. Los atentados de 2001 en EE.UU. generan una desaforada captura de datos por las agencias secretas, con la colaboración de las grandes redes. Este supuesto servicio a los intereses nacionales de los EE.UU. supuso, para las redes comerciales, una revelación de su futuro modelo de negocio: “la captura masiva, generalmente inconsciente para el afectado, de ‘trazas’ de los individuos, para construir gigantescas bases de datos de carácter personal, dotadas de alto valor comercial”.

Las empresas informáticas clásicas abandonan el hardware y se centran en los servicios (IBM vende a Lenovo, p. ej.); aparecen los smartphones (2007); resurge la inteligencia artificial, comienza “una organización algorítmica de la vida colectiva” con la “concepción de aplicaciones destinadas a los individuos”; todo ello ya no con los objetivos utópicos de mejora de la calidad de vida de las primeras etapas, sino con un único objetivo de lucro empresarial.

En la Etapa 5ª, como resultado de la presión de las redes y de la ignorancia, desidia o intereses de los políticos, Silicon Valley deja de ser una “denominación de origen”: se globaliza y en todo el mundo surgen infinidad de mini-silicon-valleys patrocinados por las administraciones supranacionales, nacionales, regionales y locales: polos tecnológicos, viveros de empresas, promoción de emprendedores, etcétera.

Las grandes redes y sus acólitos en el mundo global tienen una “cosmovisión”, una ideología y moral “tecnolibertaria” (liberalismo económico desbocado):

  1. Trabajan en bien de la humanidad
  2. Sin que la red tenga un centro
  • Robotizando la comunicación de todo con todo
  1. Dotando la inteligencia artificial (IA) de gran “poder de sugestión” y “autonomía decisoria” que resultan en una “supremacía simbólica” sobre los asuntos humanos, conducente a la “erradicación del papel humano”.

 El Capítulo III describe el tecnoliberalismo como un mundo sin límites, creando una “industria de la vida” que persigue “capitalizar las más mínimas manifestaciones de la vida”.

La “sociedad de consumo” promovida por el capitalismo topaba hasta 1980 con frenos a su expansión: no sabía cómo publicitar y vender en “ángulos muertos” de cada individuo (periodos o actividades humanas como el paseo, el deporte, el turismo, la lectura o el ocio). Poco a poco, las nuevas tecnologías han ido accediendo a todos esos “ángulos muertos”, captando datos de todas nuestras acciones y omisiones (de toda nuestra vida) y manipulando de forma creciente nuestras decisiones; por ejemplo, la decisión de compra, con la reposición automática de consumibles[xvi] o el acto de pago con las tarjetas sin contacto.

 Así, se da la paradoja de que los tecnolibertarios, que proclaman “… el derecho natural a una libertad absoluta, instituyen un modelo industrial-civilizacional que neutraliza nuestro derecho natural a usar nuestra subjetividad, orientando o dictando un número cada vez más amplio y variado de nuestros gestos”.

Esemodelo industrial-civilizacional se implementa mundialmente mediante las startup que nacen … “arrancando a partir de casi nada y beneficiándose rápidamente de una infraestructura logística favorable (ecosistemas e incubadoras)” … y “despreciando un valor fundamental de la empresa clásica: el compromiso”, lo que conduce a “una inaudita irresponsabilidad institucionalizada. Porque nueve de cada diez startups fracasan a corto plazo”, a resultas de la filosofía de “Think big, start small, grow fast … If you fail, fail fast”.

 Todo ello es fomentado por la “propaganda siliconiana”: «“hacer del mundo un lugar mejor”, “alargar la vida” … “lo disruptivo”» y escenificada en eventos como el CES (Consummer Electronics Show) de Las Vegas; o las conferencias TED (Technology Entertainment and Design), por doquier.

 El Capítulo IV trata de la psicopatología de Silicon Valley.

 Esa “propaganda siliconiana” que soporta una vida y un trabajo “cool” y un estilo de vida y del vestir (pantalones vaqueros, capuchas[xvii]) ejemplarizados interesadamente por los “maestros de la siliconolización”, que ya no son emprendedores en una startup, sino ejecutivos y dueños de grandes monopolios.

Muchos de esos “maestros de la siliconolización” están afectados por una psicopatología:

  1. Considerarse unos “elegidos”, “superpotentes”, con una “misión” en el mundo (Steve Jobs)
  2. Audaces, “sin límites” (Elon Musk)
  • Con voluntad de dominio (exaltación del monopolio[xviii])
  1. Con pleonexia (deseo insaciable de poseer lo que legítimamente pertenece a otros) y
  2. Todo ello dulcificado por la filantropía de sus fundaciones.

 

El transhumanismo, una manifestación de esa psicopatología, ha llegado a afirmar: “la posibilidad de suprimir … la muerte, realizando … el acceso a la eternidad”, afirmación que “no corresponde a ninguna realidad demostrada”, y realizada “no por médicos internacionalmente reconocidos” sino “por los responsables de las grandes empresas de Internet y de lo digital”.

Problemas graves son “la adicción a la conexión …  problema social, que afecta … a muchas personas”, “la dependencia de los «likes»“, “la desintermediación” (dotando a todos de una falsa sensación de poder, “permitiendo sentir que toda toma de palabra en público es legítima, incluso la de los más cretinos”; y “devaluando el derecho de autor, una conquista histórica decisiva”).

La actual robotización y automatización, nos “robotiza” a nosotros, vaciando nuestras acciones del contenido más humano y noble —“nuestra autonomía de juicio y de acción”—, relegándolas a acciones meramente reactivas a lo propuesto por las máquinas.

 El Capítulo V plantea la necesidad de adoptar una política humanista, frente a la siliconolización global que ejecutan —aliados— las redes y los políticos, que dicen obrar en interés de todos, cuando solo lo hacen en su propio interés.

“Pero no es momento de lamentaciones. Dado que el poder político ya no cumple su cometido, se inhibe, —aún peor– se postra ante las potencias que le fascinan … solo cabe una opción: sustituir la política por el compromiso político. Que los ciudadanos, asociaciones, sindicatos, grupos formalizados o no, reconquisten su derecho inalienable de ejercer, individual y colectivamente, su libertad de juicio y de decisión. De nuestro grado de implicación dependerá nada menos que el porvenir de nuestra civilización”.

Un compromiso político “que llame a un ‘proyecto insurreccional organizado’, con un ‘rechazo radical’ de ‘los biberones o los bañadores conectados’, de los ‘contadores eléctricos llamados inteligentes’, de los ‘televisores conectados’,  del vehículo ‘autónomo’, de los ‘sensores’  y ‘de toda la robótica denominada social’”.

 Al lector que haya tenido la paciencia de llegar hasta aquí le he presentado variantes, de algunos autores, de un mismo diagnóstico, pero unas propuestas políticas muy diversas. 

Todos los autores coinciden en las ventajas de la revolución digital y de las redes sociales, y en los serios riesgos que estas plantean: adicción, robotización (con disminución de nuestro juicio y libertad), manipulación, desocialización y virtualización de las relaciones con los demás.

En cuanto a las políticas, hemos abordado tres variantes: i) la económica de “nano-pagos” de Lanier; ii) la de minimalismo digital de Newport; y iii) el rechazo radical de Sadin.

A mí me parece que la propuesta i sólo sería alcanzable por una vía revolucionaria —como la iii— y que esa revolución y rechazo, en caso de triunfar, nos llevarían a un neobucolismo regresivo, a los Alpes de Heidi. Por ello, me inclino a favor de la ii del minimalismo, que —en el fondo— consiste en un uso racional, moderado y prudente de las tecnologías.

En todo caso, no es un tema de futurología: es algo de lo que hemos de ocuparnos ya.

[email protected]ndsinstitute.org

[i] “Hydrogen…, given enough time turns into people”. (Edward  Robert Harrison, 1995).  Citado en [Tegmark-2017, p. 49].

[ii] Término acuñado en 1956 en el Dartmouth College.

[iii]The genie is out of the bottle. We need to move forward on artificial intelligence development but we also need to be mindful of its very real dangers,” Hawking said last year in a Q&A with WIRED. “I fear that AI may replace humans altogether. If people design computer viruses, someone will design AI that replicates itself. This will be a new form of life that will outperform humans.”  [Fuente, negrita mía].

[iv] A la sazón, director del MIT Computer Science and Artificial Intelligence Laboratory y fundador de iRobot (el fabricante del robot-aspiradora Roomba, pero también de robots capaces de empatizar, simulando emociones).

[v] cíborg

“(Del ingl. cyborg, acrón. de cybernetic organism ‘organismo cibernético’).

  1. m. Ser formado por materia viva y dispositivos electrónicos. (Real Academia Española).

[vi]Our machines will become much more like us, and we will become much more like our machines. The coming biotechnology revolution will change the fundamental nature of us”. [Brooks-2002, p. 11].

[vii]L’homme cédera-t-il la place dans un futur proche à des créatures de son invention, mi-machines, mi-organismes, posthumains issus du croisement des biotechnologies, des nanotechnologies, de l’intelligence artificielle et de la robotique ?  [Besnier-2012].

[viii]Communications sciences and biology are constructions of natural-technical objects of knowledge in which the difference between machine and organism is thoroughly blurred; mind, body, and tool are on very intimate terms”. [Haraway-1991, pp. 149-181, negrita, mía].

[ix] La población mundial actual (2017) es de 7,7 G personas, mientras que en el periodo de las dos revoluciones industriales osciló entre 1,2 G en 1850 y 1,6 G en 1900. [Fuente]. En 2019, la ‘población digital’ (usuarios de Internet) es de 4,4 G. [Fuente].

[x] No existe el ‘almuerzo gratis’. “There ain’t no such thing as a free lunch” (en acrónimo: TANSTAAFL), concepto popularizado por el Nobel Milton Friedman. [Fuente]. 

[xi] Han, el prolífico profesor de filosofía surcoreano de la Universidad de las Artes de Berlín ha dejado escrito:

“Así, la entrega de datos no sucede por coacción sino por una necesidad interna”.

“En vista de la cantidad de datos que de forma voluntaria se lanza a la red indiscriminadamente, el concepto de protección de datos se vuelve obsoleto”.

“En lugar de confesiones extraídas con tortura [como se trata a los disidentes en 1984 [Orwell-2015]], tiene lugar un desnudamiento voluntario. El smartphone sustituye a la cámara de tortura. El Big Brother tiene un aspecto amable. La eficiencia de su vigilancia reside en su amabilidad.  [Han-2014, pp. 21, 25, 61].

[xii] La U. de Georgetown es la Nº 22 del ranking de Universidades Norteamericanas.

[xiii] Newport expone brillantemente la estrategia de las redes sociales y la posible contraestrategia. La principal estrategia de las redes es captar nuestra atención (tiempo online), mediante técnicas de adicción, para vender nuestra atención a los anunciantes. La contraestrategia sería unirnos al creciente grupo de movimientos de resistencia a esa captura de nuestra atención.

[xiv] Un resumen más detallado del libro de Sadin se puede encontrar en [Palao-2019]. Esta sección es un extracto de ese artículo.

[xv] Siguiendo a Hewlett y Packard, en 1939.

[xvi] Por ejemplo, el servicio ‘instantink’ de hp

[xvii] No podrían recomendar a las startups  tuxedos de  Armani o jets privados: por eso los ocultan.

[xviii] “… Peter Thiel, fundador de PayPal e inversor fundacional de Facebook, enseñaba a los alumnos de su curso de Stanford sobre startups cómo encontrar formas de crear monopolios” [Lanier-2014, p. 54]. ”Asegurar que tu negocio no tiene competidores viables está en el centro de todo éxito monopolístico en las redes sociales, una lección en la que Thiel ha entrenado a su pupilo Mark Zuckerberg” [Cohen-2017, p. 157].